La misma vieja historia


La razón y los sentimientos son como un matrimonio de viejos locos que se detestan. 
¿Conocés a alguna de esas parejas?

Son esos que viven en la misma casa y muchas veces duermen juntos, pero se llevan tan mal, que no pueden dialogar ni ponerse de acuerdo. Siempre que hablan terminan peleados, sin dirigirse la palabra durante un tiempo. 
¡Qué estrés!

Cuando una mujer decide casarse con un hombre por su dinero, por ejemplo, el corazón siempre se mete en el medio. Se frunce cuando el marido le pide un beso, mira con lascivia a otros hombres más lindos, y habla todo el día de culpa y remordimiento. Espera calladito y vengativo que la razón se duerma borracha o se distraiga en un acto fallido para ponerla en evidencia delante de todo el mundo.
(Otra que #BoloccoYMenem)

Lo mismo sucede en el caso inverso: cuando una mujer se enamora, la razón la tortura con que ese hombre es un mujeriego, con que no deja propina, con que es narcisista, es infantil, no tiene nada interesante que decir, no tiene ambiciones, habla sólo del trabajo, le importa sólo la plata, no la escucha, o con tiene un Edipo mal resuelto. Y por más que los sentimientos se tapen las orejas o pongan la música bien fuerte para no escuchar, siempre se filtra algún pensamiento: "¿Qué hago acá?".

Pero a pesar de que no entienden las razones del otro, la razón y los sentimientos tienen un pacto tácito que respetan a muerte: ante los demás son un frente unido. Son la misma persona. 
En casa podrán discutir y revolearse todo lo que encuentren, pero de la boca para afuera, los sentimientos y la razón siempre se muestran como un matrimonio perfecto.

Pero si te jugaras y dejaras vencer a alguno de los dos, ¿cuál eligirías?

¡Qué se yo!, quizá es otro #MambitoDiario

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